Un blog de recursos y opiniones. Mi macedonia sobre la red.

domingo 15 de junio de 2008

Un Stradivarius en el Metro


Desde hace un tiempo acostumbro a desayunar los fines de semana frente al diario. Taza de café, tostada con jamón y periódico. La cosa no tendría nada de original sino fuese porque el diario es en versión digital. Repaso dos o tres periódicos y me intereso por las noticias de la semana. Normalmente me centro en la parte cultural, tecnología y ciencia. 

La noticia que recojo ahora no es reciente y es gracias al blog blogOBR que la he descubierto. Tendré que estar más atenta a la parte de Internacional.


En el Metro de Washington tuvo lugar un experimento excepcional y sus resultados son reveladores.

Músico con gorra, vaqueros y camiseta se afanaba en conquistar los corazones de los transeúntes. No sorprendió el sonido del violín. Los más se ocupaban de sus cafés, móviles o simplemente abstraídos en sus propios pensamientos. No se dieron cuenta que ese músico que tocaba a Bach cómo los ángeles era Joshua Bell, hoy por hoy uno de los mejores violinistas del mundo.


Alguno que otro se paraba unos segundos a escuchar. Sólo una mujer le reconoció; le había oído en la Biblioteca del Congreso semanas atrás. Dijo que era lo más fascinante que le había ocurrido en Washington.


Mi compañero bloggero Óscar, comenta que hoy en día atribuimos el valor de las cosas según el contexto en el que estén. Y lo relaciono sobre todo con el arte. Si la pintura que estamos contemplando se encuentra en una galería o museo reputado, será buenísima, pero si nos la encontramos en un caballete en medio de la calle más comercial de nuestra ciudad, no pasará de ser una más entre tantas.


No puedo estar más de acuerdo con él en esto, pero lo que a mí me llama verdaderamente la atención es que cada vez más la prisa se adueña de nuestra vida. En mi ciudad no hay metro, con lo que podéis imaginar que es una ciudad pequeña, pero se lo que es transitar por el metro de una gran ciudad y sobre todo los primeros días es verdaderamente estresante. Al cabo de poco tiempo, adecuas tu ritmo vital al del resto de ciudadanos y te encuentras haciendo los 15 Km marcha dentro del laberinto subterráneo.

No hay tiempo para nada más. Hemos perdido el gusto por el paseo. Sólo queremos desplazarnos lo más rápidamente posible de un lado a otro y si puede ser no encontrarnos con nadie conocido para no perder un segundo. La frase utilizada en estos casos es: “Ya quedaremos. Nos llamamos ¿vale?” Y esa llamada raramente se produce.

Estamos cada vez más solos en un mundo cada vez más poblado.




Fuentes: BlogOBR, Aportación de Paulo Nunes de Abreu en Grupo-DIM
Más información:

2 comentarios:

Karrajo dijo...

A mí también me recuerda a ciertos grupos de música que llenan estadios en sus giras y que de vez en cuando tocan con otro nombre en salas minúsuculas, justo para recuperar un poco esa cercanía, para bajarse de las nubes y para tener una visión más consciente de la realidad.

Creo que se cumple lo que dice Oscar respecto al entorno en el que vemos algo para valorarlo, y si a eso le añadimos lo que comentas de las prisas que lleva la gente en sus vidas, ocurre justo lo del video, que casi nadie sea capaz de pararse a disfrutar ese momento y olvidarse un poco de las "responsabilidades" tan urgentes que se tienen.
Eso sí, nada de esto me da pena, los que pierden la oportunidad de un buen momento (que en este caso lo da el arte, pero también lo puede dar el ocio, la naturaleza...) lo pierden porque quieren. La vida se puede disfrutar, y si tuviéramos una visión más global de eso, creo que estaríamos todos más felices.


Por cierto, un saludo!

Allegra dijo...

Tienes mucha razón en lo que dices karrajo, y a veces es difícil darse cuenta de esos buenos momentos.
Creo que la sociedad de hoy en día vive más el futuro que el presente y cometemos el error (al menos yo) de caminar mirando el suelo.

En mi caso es porque suelo tropezar bastante pero como le dice una amiga mía a sus alumnos: "Quiero que cada día al venir hacia la escuela os fijeis en un detalle diferente cada vez. Luego nos los contamos"
Y la verdad es que yo también lo puse en práctica y es un ejercicio sorprendente. Puedes ver cómo cada día cuando llegas tarde te cruzas con las mismas personas, como ese perro del balcón de la esquina te mira, como abre con cara de sueño el del kiosko, como la abuelita camina despacio hacia la compra... Es bonito. Es bonito ver esos detalles.

Gracias karrajo por tu comentario y un saludo para tí también.